Córcega

Ferries a Córcega

Cerca de dos millones de personas visitan Córcega cada año, atraídas por un clima suave en invierno y algunos de los paisajes más diversos en Europa. En ningún lugar del Mediterráneo hay playas mejores que las bahías en forma de media luna de Córcega, de arena blanca y aguas transparentes, o paisaje marino más inspirador que los acantilados de granito o la costa oeste. A pesar de que la afluencia de turistas excede ahora siete veces la población de la isla, el turismo no hay estropeado el lugar: Hay algunos centros vacacionales, pero apenas se encuentra un desarrollo excesivo y los edificios altos se ven reducidos a las ciudades principales.

Asentada en medio de las rutas de comercio del Mediterráneo, la isla siempre ha tenido un gran atractivo estratégico y comercial.

Los griegos, cartagineses y romanos fueron llegando en oleadas sucesivas, desplazando a los habitantes nativos de Córcega hacia el interior.

Los romanos fueron desalojados por el pueblo vándalo, y durante los siguientes trece siglos la isla fue atacada, abandonada, asentada y vendida como un estado-nación, con generaciones de isleños luchando contra el gobierno extranjero. Doscientos años bajo reglamento francés apenas han tenido efecto sobre Córcega, ya que las iglesias barrocas de la isla, las fortalezas genovesas, fervientes rituales católicos, un lenguaje indígena muy influenciado por la Toscana, y la cocina muestran una mayor afinidad con sus vecinos italianos.

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