Lo mejor del Norte de Irlanda es la costa acantilada que la limita. En la zona norte se encuentra la alta meseta del páramo de Antrim y una costa escénica como en ningún otro lugar de Irlanda encontrando en su centro, las especiales columnas de basalto geométricas de la Calzada del Gigante (Giant's Causeway). El sureste conduce al condado de Down contrastando con la belleza tranquila de Strangford Lough y las montañas de Mourne que se extienden hasta el mar. Hacia el oeste, tierra adentro encuentra Tyrone y Fermanagh dotadas con restos megalíticos y ruinas de castillos; mientras la principal atracción de Tyrone es su salvaje y desolada cadena montañosa de Sperrin, los lagos de Fermanagh y Lough Erne, un lugar fabuloso para deportes acuáticos, pesca y para explorar los restos monásticos de la isla. Sin embargo, para familiarizarse con la historia del norte, una visita a sus ciudades es esencial: Belfast, con sus grandes edificios públicos, fue construida con los beneficios de la industria Victoriana; Derry es una ciudad rodeada por casi dos kilómetros de murallas. Es la ciudad amurallada mejor conservada de Irlanda; y la ciudad de Armagh con su catedral, ubicada en siete colinas, es donde San Patricio instauró el cristianismo en Irlanda.